Maremágnum / Mario Vargas Suárez / Como en todos los tiempos…

El sexenio presidencial del de Atlacomulco, Méx., fue muy significativo por la puesta en marcha de un nuevo marco legal en el país, que mientras se ‘cocinaba’ en las Cámaras, se prometía viviríamos mejor, lo que realmente ‘merecíamos’ los mexicanos. El mismo rollo oficialista de todos los tiempos.

Los especialistas en el estudio de la política de Enrique Peña Nieto (2012-2018), como el periodista Miguel Ángel Bravo, afirman fue el Sexenio de Las Reformas, solo en los primeros 20 meses fueron 11 reformas estructurales.

Se concluye que al 30 de noviembre de 2048 -último día de su ejercicio presidencial- Peña Nieto logró la aprobación de las ONCE reformas con 58 modificaciones a la Constitución; 81 a leyes secundarias y; la creación de tres nuevas instituciones de gobierno.

La coordinación de Comunicación Social de la Presidencia peñanietista, nos hizo creer que no solo a nivel nacional los mexicanos aceptábamos esa ‘nueva realidad’ y hasta los discursos fueron de júbilo. Lo extraordinario es que a nivel internacional se promovieron felicitaciones por haber logrado esa ‘apertura democrática’… y, desde luego, se adjetivaron loas al presidente.

La paradoja es que la incredulidad en el gobierno mexicano era manifiesta y a unos meses de la toma de posesión de un nuevo gobierno, los dueños del proyecto de La 4T, nos muestran las otras caras de las reformas y desde luego que nos dejan ver lo que es necesario exhibir… habrá cosas que no.

En este contexto sabemos que un presidente de la república, en este país o en cualquier otro como México en materia legislativa, se torna necesario tener mayoría legislativa que autorice, legalice las ideas, reformas o condiciones del titular del ejecutivo, de otra forma el congreso sería ‘una piedra en el zapato’ para gobernar.

En México, usted lo sabe, el Congreso de la Unión se divide en Cámaras, la de 500 diputados por tres años; y la de 126 senadores con seis años, que por cierto se eligen el mismo día que al presidente. Los primeros junto al presidente y a mediados de la administración.

Una realidad innegable es que La 4T ha dividido, como nunca, la opinión de los mexicanos en torno a la figura presidencial, porque el país, a casi dos años del nacimiento de una esperanza, diría el periodista Nacho Lozano, titular De Pisa y Corre (DPC) “La cosa sigue igual”

Los mexicanos tenemos deficiencias en salud (medicinas y atención médica) desde mucho antes de la Pandemia, que desde luego desde marzo pasado ha sido peor; la seguridad que sigue incrementándose; la falta de empleo y ahora el desempleo; los inmigrantes a quienes incluso acusan de que son contratados como anarquistas; la injusticias y las burlas al marco jurídico.

A once meses de la elección federal para renovar a los diputados, el presidente Manuel López, anuncio la Iniciativa de Ley para reformar la Ley de Pensiones, que deberá aprobarse en San Lázaro y se infiere que sin mucha alharaca legislativa, se publique en el Diario Oficial de la Federación antes del primer domingo de julio del 2021.

Sin duda con la aplicación de esta reforma al 123º Constitucional, se beneficiarán millones de trabajadores a punto de pensión, pues la iniciativa promete una asignación mensual digna, honesta y decorosa a quienes se jubilen -lo de siempre-.

Desde luego que esta enmienda Constitucional urgía en el viacrucis burocrático para el retiro de los trabajadores, aunque no ha faltado quien afirme haya una reticencia patronal. En contrasentido hay quien asegura es una iniciativa detenida en la cámara de diputados desde los tiempos de Peña Nieto, propuesta por empresarios y frenada por el gobierno. Autoría que se entiende por cuestiones de imagen electoral.

El caso es que mucho se habla de esta reforma al régimen de pensiones y de lo único que ha trascendido es que ya no serán por los 25 y 30 años de permanencia en el trabajo, sino que el mínimo, se propone, sea de 15 años. Por ahora no dicen con cuánto.

Quizá la intención malsana de cultivar votos a favor del partido en el poder, para no perder la mayoría en la Cámara Baja, para algunos sea inmoral, pero para la clase política que ha gozado del poder, esto es completamente lógico y hasta necesario.

“La acción no deja de ser un ofertón de campaña que para nada es objetable a los jubilados…” escribe Luis Repper Jaramillo, aunque el electorado ha aprendido a recibir lo que le den, incluso también de prometer, pero a la hora de votar, a su mente vienen muchas cosas y las más negativas son las que llegan de inmediato.

Para algunos la nueva Ley de Pensiones que se está gestando en San Lázaro quiere congraciarse con el sector de los extrabajadores, de los pensionados, para lograr la simpatía y el compromiso del voto.

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