Paradigmas / María Guadalupe Rico Martínez / Nadó entre Tiburones

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En 2001 Ignacio Chapela, ecólogo y microbiólogo mexicano, investigador de la Universidad de California en Berkeley y su discípulo, David Quist, hicieron un descubrimiento que desmentía uno de los principales supuestos de la biotecnología genética del maíz. La revista científica internacional Nature divulgó el estudio, que demostraba la presencia de transgénicos en cultivos de la sierra norte de Oaxaca, uno de los centros de origen en territorio nacional, muy lejos de los sitios donde se experimentaba con esos productos.  El hallazgo y posterior difusión le costó al investigador enorme e intensa ola de desprestigio de parte de supuestos “científicos”  de empresas generadoras de las especies genéticamente modificadas.

Años posteriores equipo de expertos de la UNAM dirigidos por la Dra. Elena Álvarez Buylla, ratificaron lo investigado por los Doctores Chapela y Quist, pero además encontraron evidencias de que había transgenes no sólo en las razas de maíz detectadas en Oaxaca, sino también en zonas de Yucatán y Guanajuato.

En el apartado del nuevo Plan Nacional de Desarrollo dedicado a ciencia y tecnología se lee lo siguiente: “El gobierno federal promoverá la investigación científica y tecnológica. Apoyará a estudiantes y académicos con becas y otros estímulos en bien del conocimiento. El Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (CoNaCyT) coordinará el Plan Nacional para la Innovación en beneficio de la sociedad y del desarrollo nacional con la participación de universidades, pueblos, científicos y empresas”. Se hará investigación en áreas de educación, salud, medio ambiente, desarrollo económico y energía.

La corrupción entró por la puerta de la investigación, Enrique Cabrero ex titular de la dependencia contaba para las “comilonas” con una cocina industrial dentro de las instalaciones y no solo eso el presupuesto para sostener estudios estaba desviado para sueldo de un chef y  el colmo también mantener lujoso roof garden.

Hace unos días integrantes del Movimiento por la Ciencia, protestó frente al Palacio Nacional, exigieron al CoNaCyT no otorgar recursos a ningún ente privado, incluidas empresas y universidades de paga. En los últimos seis años, se destinaron al menos 22,342 millones de pesos en aportaciones líquidas, en 75% de los casos, para apoyos a  grandes empresas y eso lo sabe perfectamente Álvarez-Buylla, quien “aprendió a nadar entre tiburones” y hoy es la Directora del CoNaCyT.

                                                                                    lupitarico@hotmail.com

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