Las ciudades mediterráneas deben adaptar sus planes del ciclo urbano del agua de cara al cambio climático

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Las ciudades del área mediterránea española, que ya están experimentando inundaciones y sequías como consecuencia del cambio climático, deben adaptar sus planes del ciclo urbano del agua con medidas eficientes y sostenibles, como la construcción de parques inundables y depósitos pluviales o el impulso de sistemas terciarios y cuaternarios de depuración. Así lo ha constatado el estudio ‘Aquae Papers 8: Resiliencia en el ciclo urbano del agua. Extremos pluviométricos y adaptación al cambio climático en el ámbito mediterráneo’, que ah presentado la Fundación Aquae ha presentado esta mañana.

Según el documento, en 2018 más de la mitad de la población mundial vive en ciudades y, en apenas tres décadas, este porcentaje se elevará al 70%. Uno de los efectos de esta urbanización ha sido la contaminación atmosférica que está provocando un calentamiento térmico planetario que, a su vez, está generando cambios en las condiciones climáticas habituales.

“Tenemos que poner en marcha medidas que aumenten la resiliencia de las ciudades del área mediterránea española frente al cambio climático, debido a su elevada vulnerabilidad y exposición a inundaciones y sequías”, ha señalado el presidente de la Asociación de Geógrafos de España, Jorge Olcina, durante la presentación de ‘Aquae Papers 8′.

En este sentido, los autores del documento detallan que en las próximas décadas, la región mediterránea tiene una probabilidad muy alta de experimentar una subida de su temperatura media; una mayor temperatura de la superficie marina en el Mediterráneo, provocando lluvias torrenciales en cualquier estación del año; y precipitaciones anuales más escasas e irregulares, “esto nos obliga a repensar el diseño de sistemas urbanos de evacuación de agua pluvial para adaptarlo a esta nueva forma de llover”, ha recalcado Olcina.

Los impulsores del estudio aseguran que para reducir el riesgo de inundaciones y sequías en los ámbitos urbanos mediterráneos, se ha pasado del encauzamiento de cauces fluviales o de las conducciones de agua de impronta regional (trasvases) al desarrollo de parques inundables, restauración fluvial, depósitos pluviales o la propia adaptación del diseño urbano a dichos extremos atmosféricos, así, comunidades como el País Vaso o municipios como Calvià, Marbella, Reus, Valencia, Málaga o Barcelona ya han aprobado planes locales de adaptación al cambio climático.

Según el documento, en 2018 más de la mitad de la población mundial vive en ciudades y, en apenas tres décadas, este porcentaje se elevará al 70%.

Retos de la planificación urbana

Según señala ‘Aquae Papers 8′, la planificación urbana del agua en el litoral mediterráneo, deberá enfrentarse a diferentes retos como disponer de diferentes fuentes de abastecimiento (tradicionales -superficiales y subterráneas- y ‘no convencionales’, depuración y desalación); la eficiencia en las redes para reducir las pérdidas; la monitorización continua; las redes alternativas de distribución de agua depurada; el impulso de sistemas terciarios y cuaternarios de depuración; la construcción de depósitos de distribución dimensionados para situaciones de escasez; los planes municipales de emergencia ante sequías; los sistemas tarifarios que penalicen el exceso de consumo; y la sensibilización social continua de los beneficios del ahorro del agua.

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En relación a los episodios de lluvia torrencial, los retos son construir colectores de agua pluvial de gran capacidad, depósitos pluviales y espacios públicos inundables; adecuar los sistemas tradicionales de alcantarillado a lluvias intensas; crear sistemas de alerta a las poblaciones (apps específicas en móviles); y poner en marcha sistemas de drenaje urbano sostenible.

Asimismo, el cambio climático es uno de los mayores retos a los que se enfrenta el drenaje urbano en los próximos años. “La infraestructura de drenaje convencional, que recoge y transporta aguas residuales y pluviales (sistema unitario), puede resultar insuficiente, por lo que también deberían tenerse en cuenta otras tecnologías alternativas, como las Soluciones Basadas en la Naturaleza (SbN), en general, o los Sistemas de Drenaje Urbano Sostenible (SUDS), en particular”, indica Olcina.

En este sentido, los humedales artificiales y los estanques, además de tener un uso recreativo ayudan a impedir las altas temperaturas ya que las masas de agua actúan como amortiguador térmico. Otro ejemplo son las cubiertas verdes que, además de contribuir al ‘efecto oasis’ de las ciudades por favorecer el desarrollo de la biodiversidad, permiten ahorrar en la climatización de edificios.

Nueva York, Berlín y Rotterdam: ciudades resilientes

Ejemplos de buenas prácticas en otros países son el Plan ‘A Greener Greater New York’, con 132 iniciativas y 400 objetivos a desarrollar entre 2007 y 2030, incluyendo un apartado sobre la adaptación al cambio climático que incluye 13 medidas, entre las que destacan la reducción del 30% de emisiones de gases de efecto invernadero en 2030 respecto a 2005; o la actualización de los mapas de inundación de Nueva York y de las normas de construcción.

En Berlín se ha aprobado una ordenanza municipal para aplicar el llamado ‘Biotope Factor Area’, un indicador que permite crear zonas verdes en el centro de la ciudad, teniendo en cuenta el volumen construido y la antigüedad de los edificios.

Por su parte, en Rotterdam (Holanda) se ha diseñado una Estrategia de Adaptación al Cambio Climático, un documento de planificación territorial para la adaptación a la subida de temperaturas (jardines colectivos dentro de manzanas edificadas, tejados verdes, vegetación para cubrir los diques); a la subida del nivel de mar (recrecimiento de diques existentes y nuevos diques, elevación de cota de edificación); y al incremento de inundaciones (depósitos pluviales, colectores de agua pluvial, espacios de inundación natural).

La ‘Ley de tejados verdes’ en Copenhague o Amberes; las viviendas palafíticas en Nueva Orleans para evitar desastres como el ocasionado por el huracán ‘Katrina’ en 2005; o las edificaciones sobreelevadas de Helsinki, en el marco del proyecto ‘Baltcica’, impulsado por los países ribereños del mar Báltico, son otros ejemplos de cómo una ciudad puede ser resiliente frente al cambio climático.

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