Novelan los últimos años de vida de Ernesto Che Guevara

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Lee Anderson y José Hernández presentan Una vida revolucionaria. El sacrificio. “Fue un hombre de alta sensibilidad social y sentía una profunda indignación ante las injusticias”

La frase de que el amor es un acto revolucionario hoy se toma muy a la ligera, pero era una idea que formaba parte del pensamiento de Ernesto Che Guevara, al menos cuando fracasó en la lucha por la libertad de El Congo, en el año de 1965, uno de los capítulos poco conocidos de los últimos años de la vida del revolucionario. Así lo plasman Jon Lee Anderson y José Hernández en el tercer tomo de la novela gráfica El Che. Una vida revolucionaria. El sacrificio, en donde se habla de la muerte de Ernesto Guevara.

“Su estancia en Congo es algo no conocido, incluso durante los años 90, no se sabía, se rumoraba que la misma Cuba no había confirmado su presencia y mucho menos los años de la penumbra. En cambio, su llegada a Bolivia (en 1967) era la etapa más conocida”, precisa el periodista estadunidense Lee Anderson.

En las últimas 24 horas de la vida de Guevara, agrega, del momento de su captura, hasta su muerte, se podría hacer una película, un libro entero o una antología, en ese sentido, el caricaturista mexicano José Hernández comenta que la guerrilla en el Congo es menospreciada en adaptaciones cinematográficas y cómics existentes.

En general, reconocieron los autores, lo que más se difunde es cuando la maestra Julia, de la comunidad bolivariana La Higuera a donde fue llevado el Che antes de ser asesinado, le dio de comer; sin embargo, antes era puesto en duda ese hecho.

“De la profesora empezó a hablar estando yo en Bolivia, a mediados de los años 90, nunca antes había aparecido, ella fue la figura de la profesora que tenía un diálogo con El Che. Yo la conocí, me parecía que sí hablaba con sinceridad, pero había otros aspectos de las últimas horas del Che que no eran conocidos, por ejemplo, el intercambio con un oficial boliviano de nombre Selich”, destaca Lee Anderson.

Un año antes de que encontraran el cuerpo del Che Guevara, cuenta, fue a Paraguay a hablar con la viuda de Selich. “Resulta que Selich, que era de ultraderecha y que después fue mandado a matar por complot, había estado presente y había hecho la última interrogación al Che, lo cual ni Félix Rodríguez ni la CIA habían mencionado, pero yo lo encontré en sus papeles, la viuda me los proporcionó”.

FRACASO. La llegada de Ernesto Guevara al Congo resultó un fracaso, no existía una organización revolucionaria de acuerdo al pensamiento del Che, por ejemplo, creían en la protección del dawa, una poción de yerbas que los protegía de todo tipo de armas; además de que Kabila, el líder revolucionario, resultó desinteresado en la igualdad.

“El Che mismo escribió en un diario: pasajes de la guerra revolucionaria africana, la historia de un fracaso, el cual también suprimió Cuba durante muchos años. Esa derrota fue en parte por la ingenuidad propia de El Che y porque como Nasser (presidente de Egipto) le advirtió: no puedes pretender cumplir el papel de Tarzán, el hombre blanco que conduce y protege a los negros. Él no le daba crédito a eso pero era cierto”, señala Lee Anderson.

Era un momento, añade, en que el mundo recién descubría a África, hasta los marxistas estaban con vendas porque no podían ver a África más allá de su condición colonialista.

“Entonces un Kabila que se presentó como el hombre nuevo y revolucionario, resultó ser un patán, pasó un día en el frente con dos prostitutas y una botella de whisky, nunca más volvió y a pesar de eso, El Che se empecinó en tratar de implantar una revolución ahí, entre gente que sigue peleando hoy en el lugar más violento del Congo y en donde las creencias en magia (dawa) hicieron imposible que avanzara”, destaca.

Los autores de la novela mencionan que el verdadero revolucionario está guiado por sentimientos de amor, ¿hoy esa idea se dice muy a la ligera?, se les pregunta.

“Sí, pero uno tiende a escoger las partes que uno quiere, en algún momento El Che dijo que era necesario destilar el odio para ser un buen revolucionario, cosa que suena paradójico para pelear contra el enemigo, pero no lo es. Ernesto Guevara era un hombre de alta sensibilidad social y culto, sentía una profunda indignación ante las injusticias y eso lo llevó a querer cambiar el mundo por la fuerza de las armas, que en ese momento parecía la única forma”, responde Lee Anderson.

Para el autor, El Che nunca se degradó, quizá en una época cuando estuvo en la Sierra en Cuba cedió ante el odio, era un justiciero, pero no se quedó ejecutando gente toda la vida.

“Muchos dicen que fue un psicópata, asesino, torturador, no es cierto, sí mató gente y es muy difícil hacer esa argumentación hoy en día, la gente está con lo blanco o negro, quieren fulminar, condenar o quieren endiosar. Eso es una tendencia frustrante”.

RENACER. José Hernández incluye en la novela una carta que El Che dedica a sus hijos, en donde les dice que siempre sean capaces de sentir en lo más hondo cualquier injusticia cometida contra cualquiera en cualquier parte del mundo.

“Esa carta la escribe cuando se va de Cuba, me gustó porque es un contrapunto del hombre que sabe que será asesinado. Es emotiva porque dice que la máxima herencia para sus hijos es su ideal revolucionario. Creo que resume la figura del Che”, señala el ilustrador.

Sobre la figura de Ernesto Guevara como ícono, Lee Anderson platica que en el año 2001, por primera vez un fotógrafo publicó en Cuba la imagen del Che muerto, “no se había difundido porque era una decisión política, no quiero decir que nadie en Cuba la había tenido, pero no circulaba”.

“Los errores que condujeron a Guevara a su muerte, no desalentaron a nadie, al contrario, alentaron. Creo que esta cosa de la epopeya de la muerte noble, del esfuerzo, aunque éste haya sido errado, tiene un atractivo muy grande para otras generaciones jóvenes, por eso los de la CIA lo engavetaron desapareciéndolo”, concluye.

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