Contrapunto / Por José Lorenzo

LORENZO

Ni por compasión ni por piedad cristiana. Ni por compromiso o solidaridad social. Ni por una ni por otra se ha visto la intención en la alta jerarquía burocrática de tender un lazo o lanzar una ayuda a las miles de víctimas del Sismo 8.2.

Abrir el corazón lo mismo que el bolsillo.

Meter la mano en la cartera sin miedo ni temor.

Pero ni así.

Ante el llamado del presidente Peña Nieto han acudido las ricas Empresas socialmente responsables como CEMEX que ofreció donar el equivalente a un millon de dólares en productos de su línea para la Construcción.

Ayuda valiosísima para paliar en parte los estragos de un desastre cuyas dimensiones no fueron magnificadas en un principio pero de las cuales se habla de cuatrocientas escuelas destruidas solamente en Oaxaca.

Es por eso que en el universo cerrado y crítico y demandante de las redes sociales se han levantado voces vibrantes y exigentes.

El grito es uno, la demanda es única : quiten dinero a los partidos y al INE para ayudar a los damnificados ¡

Se pide no con poca razón que se rasure un veinte por ciento al gasto global de las próximas elecciones.

Que de los 25 millones del gasto directo en la organización electoral y los 7 mil millones que se darán a los partidos se le ordeñe sin piedad la quinta parte.

Lo que daría unos 6 mil 400 millones que irían directamente a los gastos de reconstrucción de una de las zonas más pobres de México.

Ya el Ine sabe de esto. Ya al Instituto Nacional Electoral se le negaron mil millones que ya le habían autorizado para la construcción de un suntuoso palacio que seria sede de sus sultanescas oficinas.

Y eso que antes aún no se descubría la pobreza del sur tal como la hizo brillar ahora el terremoto.

Aunque es justo decirlo, los Quinientos diputados decidieron en un acto de gran generosidad desprenderse de un Día de su Dieta. Porque se dice Dieta, no salario.

Los honorables diputados están a Dieta. Ya quisiera todo el país estarlo. Sobre todo los del sur.

Para el país entero el nuevo sinónimo del despilfarro es el exorbitante gasto electoral.

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